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Informe |
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Nuevos hallazgos y la amenaza sobre este conjunto arqueológico Matando a Toro Muerto La vida del arequipeño prehispánico quedó plasmada en las rocas de Toro Muerto. Este conjunto arqueológico no sólo consta de dibujos de más de 2 mil años de antigüedad sobre las rocas. Hay otros elementos que son inéditos hasta ahora. Se trata de los talleres líticos y los geoglifos que también forman parte de este complejo. Pero todo ello está en riesgo por el peligroso avance de la agricultura. subsistir.
Toro Muerto se esconde en las laderas de los cerros de Uraca, en Castilla, en un ondulante terreno, a veces engañoso. Son casi 4 horas de agotador recorrido hasta llegar a los talleres líticos. Felizmente “el sol estaba bajito”. De rato en rato, piedras dibujadas con imágenes de auquénidos, serpientes y hombres aparecían como para alentarnos a seguir. Pero fue la huella de un puma la que aceleró nuestro andar. Esos lienzos de roca encontrados en el camino no han sido registrados como parte de los 2 mil grabados oficialmente reconocidos por el Instituto Nacional de Cultura (INC). Mientras nuestras huellas iban quedando en la arena, también encontramos las marcas de la destrucción: cementerios prehispánicos huaqueados, terrenos cercados como si fueran lotes y maquinaria que le abre paso al agro. PIEDRA SOBRE PIEDRA A simple vista parecerían simples piedras. No es así. Fue la arqueóloga Lucy Linares Delgado quien realmente interpretó su valor. Fue hace 6 años que encontró esta despensa de rocas de todo tipo y color. Además de los talleres en sí, es decir un conjunto de piedras en el que una hacía las veces de mesa, otra de una silla y estaban rodeadas de distintos tipos de rocas que nuestros antepasados iban chancando para sacar las lascas, piedras con bordes filudos como cuchillos. Con ellas se inscribía sobre las rocas o quizá se hacían lanzas, explica la arqueóloga. Otras rocas servían de chancadores, percutores y raspadores. Entre todas ellas una piedra de color oscuro y muy pesadas. Esas son las bombas incandescentes que arrojan los volcanes cuando están en erupción, detalla el geólogo Miguel Manrique Lazo. Es que cerca de los cerros de Uraca hay dos volcanes: el Huaynaputina (Moquegua) y el Chachani (Arequipa). Pero esta no es la única piedra llamativa.
Conforme se avanza se pueden encontrar piedras de color rojo, cuyo nombre es jaspe y es la piedra ideal para sacar las lascas. Las de color verde se llaman serpentín, las negras retinita y hasta es posible hallar cuarzo. Este sitio era como una fábrica donde se hacían las herramientas para después dibujar sobre las piedras. Constituía un lugar de especial importancia pues las piedras eran como el lápiz y papel para nosotros en la actualidad. DIBUJOS SOBRE LA TIERRA Pero los antiguos arequipeños también usaron la tierra como lienzo. Hace apenas tres meses, en abril de este año, Linares Delgado volvió a recorrer la zona y encontró las figuras de serpientes dibujadas en la tierra con pequeñas piedras llamadas cantos rodados, que quizá fueron traídas desde el río Majes que cruza el valle de Corire. Unas son de color negro y otras de color rojo. Su forma es en zigzag y terminan con una cabeza triangular.
Son 4 geoglifos, el más grande mide 41 metros y el más pequeño 17 metros. La arqueóloga explica que la serpiente era para las poblaciones prehispánicas una especie de animal sagrado, pues representaba a los ríos por su forma. Entonces al ser Toro Muerto un centro de peregrinación de las poblaciones no sólo de Castilla, sino también de Majes e incluso Caylloma y Camaná, quizá estos geoglifos fueron un modo de pedir o agradecer por el agua, que hasta ahora es importante para irrigar todos los valles de estas zonas.
LAS TUMBAS SAQUEADAS En medio de nuestro andar nos topamos con dos tumbas cruelmente saqueadas. Sobre la arena sólo quedan los huesos de quienes no pudieron descansar en paz. Un cráneo de mujer por la forma del arco de sus ojos, los fémures y los restos de una columna entristecen este recorrido. Cerca de ellos quedan algunos vestigios de tejidos y canastillas, además del algodón con el que se les cubría la boca, los ojos y oídos. El resto de su ofrenda fúnebre hace rato que fue robado. En medio del recorrido es común encontrar restos de cerámica, esos pequeños restos son la evidencia de que Todo Muerto siguió en uso como un centro de peregrinación para culturas preincas como la Wari y Chuquibamba, así como para los propios Incas e incluso en la colonia. Esos cerros eran el camino obligado de los indígenas para llevar las botijas de pisco hasta Camaná en sus espaldas. ¿Cuántos habrán perecido en su andar? Sólo las piedra lo saben. En medio de los cerros se puede ver los caminos que recorrieron. Es fácil saber por qué estos cementerios son huaqueados. La única protección en la zona son unos hitos que fueron colocados por los arqueólogos del INC. Hay un cuidante pero es obvio que no se da abasto para más de 5 mil kilómetros de extensión de este complejo. Por otro lado hace falta estudiar y valorar más los talleres líticos y los geoglifos encontrados en la zona. La responsabilidad es del INC, ahora parte del fl amante Ministerio de Cultura. ¡Ojala que sirva de algo! (Milagros Tairó)
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