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Íntimo Villalba A David Villalba le brota el trazo y el color por la mirada. El mundo no parece ser tan íntimo y sencillo como sus cuadros. A este artículo, por ejemplo, le falta una barca apostada en su margen y al paisaje deshojado de Arequipa, un poco de lejanía y altura.
Temeroso debió ser el rostro de David cuando su padre descubrió que estudiaba dos carreras costosísimas para el humilde bolsillo de la familia, cuando tajante le dijo que decidiera entre Publicidad o Artes Plásticas (carrera de fumones, homosexuales, hippies, borrachos y drogadictos, le dijo). David sonríe con nostalgia al recordar esas palabras. Alguna satisfacción ahora debe recorrer su cuerpo, algún agradecimiento profundo hacia sus padres que de alguna u otra manera costearon esa perversa vocación suya. Terminó sus estudios el año 91 en la Escuela de Artes "Carlos Baca Flor" y luego de largos viajes está ahora temporalmente asentado en un departamento de calle Consuelo. Digo temporalmente, porque quién sabe que ciudad aún lo espera para llenar sus salas de exposición con su creatividad y pintura y colmar sus calles con su peruana y silenciosa alegría. Nos recibe en su taller y me dirige hacia al ambiente donde guarda envueltos en papel crepé la mayoría de trabajos que conserva. Luego de alguna explicación descubre la esquina de un cuadro muy grande. Me anticipa que es de lo último que estuvo haciendo. Sólo esa parte del gran cuadro me deja un tanto pequeño, como reducido sin previo aviso ante su arte. De esa torpe manera voy cobrando conciencia del lugar donde me encuentro. Este taller es la matriz de uno de los mejores artistas arequipeños de la época. Pero David no siempre fue tan innovador. Como buen seminarista de la pintura, se inició en la más consolidada de las tradiciones pictóricas de Arequipa. Hizo acuarela convencional, con el mero afán de buscar mercado, como él mismo me lo confiesa. El artista no vive del aire y los comienzos siempre son difíciles. Los paisajes costumbristas, las fachadas de iglesia barroca pintada al detalle, junto a otros motivos, formaron parte de ese comienzo. Pero la buena mano, es algo que siempre prevalece. Gracias a esa mano se fue a Colombia para pintar acuarela. Tras su regreso decide que sus trabajos deben ser enviados a cuanto concurso se le presente; no tanto por los premios, sino por la exigencia a su propia creación. Luego vino lo fundamental. Tras arribar de su segundo viaje a Colombia: la duda, la inquietud por nuevas técnicas y conceptos, la experimentación vanguardista o la comodidad formal de la tradición. "Había visto ya a Botero y Caballero", me dice. Fueron viniendo los premios y con ello la interacción con otros artistas nacionales. Visualmente nutrido, tras esos años, David decide darle seriedad a su carrera como artista. Y los dividendos de esa seriedad ahora son propicios. Ese gran cuadro que me hubo mostrado fue parte de su exposición del 2005 en el CCPN. La gente, me cuenta, quedó asombrada. Nunca creyeron que él —acuarelista convencional— presentara tal tipo de trabajo. En los cuadros aparece, entre la letanía de sus nombres, la imagen de sus padres. Pincel tímido y respetuoso sobre sus cuerpos. El minimalismo con el que están ejecutados concentra en un solo punto la fuerza de lo íntimo, de lo familiar. "Para mí fue la primera exposición que me hizo sentir feliz, porque mi madre aun estaba viva y la exposición estaba dedicada a ella" musita con ternura. La exposición se fue a Lima, Cusco, Trujillo, Washington. Esta intimidad volcada sobre estos cuadros le ha traído el mejor de sus triunfos, hasta el momento. David es el ganador del primer concurso nacional de pintura del Banco Central del Perú. El premio lo ha obtenido precisamente con un cuadro titulado "Retrato de familia" y presumo que se trata de cuadros emparentados con esos últimos. Digo presumo, porque ni el mismo David tiene una imagen. "…no tuve tiempo siquiera para tomarle una foto" dice. Así, sencillo y reilón, este arequipeño se ha hecho, a punta de pincel y perseverancia, un nombre en la pintura nacional. Su inquietud lo sigue llevando por el único camino que asegura un fin respetable. El camino de la belleza y la sencillez No cabe sino agradecer la intimidad de sus cuadros, la intimidad puesta en la conversión, la intimidad de este David Villalba. (Arthur Zeballos) |