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Las modas literarias en Arequipa

Herman Hesse, autor de conocidas novelas como Demian o El Lobo Estepario, murió un día como hoy, nueve de agosto, de 1962. En vida ya había gozado de cierta fama, una vez muerto se convirtió en un escritor de culto y autor intelectual, junto con Aldous Huxley, del movimiento contracultural más importante de los sesenta, el "hippismo". Hasta hace unos quince años, Hesse fue uno de los novelistas más leídos en Arequipa. Luego aparecerían las modas Kerouac, Bukowski y Coelho.

¿Por qué ya no leemos a Hesse?

Las modas literarias son sólo un dato sobre los gustos generales de una masa de lectores en una época determinada. Dicho de otro modo, las modas literarias no implican buena o mala literatura. Hubo un tiempo en que estuvo de moda leer a Herman Hesse. En un artículo escrito por Kurt Vonnegut, cuando los libros del alemán nacionalizado suizo se reeditaban a millones, el narrador norteamericano afirmaba que las historias de Hesse, y a ello se debía su gran éxito comercial, contienen aquellos componentes básicos que siempre gustarán entre los jóvenes de todas partes: "un hombre viaja mucho; a menudo está solo. El dinero no representa un problema serio. Busca confort espiritual y evita el matrimonio y el trabajo aburrido. Es más inteligente que sus padres y la mayoría de la gente que conoce.

Experimenta con el sexo, lo encuentra agradable pero no tremendo. Encuentra muchas señales amorosas y extrañas de que realmente se puede hallar la paz espiritual." Esas eran las razones por las que Hesse gustaba tanto, las mismas por las que ahora ha sido dejado de lado. Tal vez en la última línea de Vonnegut se halle la respuesta inmediata, por lo menos la más relevante, a por qué Hesse ha pasado de pronto al más completo olvido. El tema que prevalece en las novelas de Hesse es el de "la búsqueda de una paz espiritual", nada más ajeno a esa búsqueda que las preocupaciones actuales: mantener el refrigerador lleno, el ropero lleno, la billetera llena. El dinero es ahora el único problema serio. El misticismo de Hesse ya no vende. Un misticismo complicado, profundamente comprometido con sus raíces tanto orientales como occidentales; no un misticismo hecho en base a recetas ramplonas para el alma cursilona que hasta el día de hoy se agota como pan caliente.

Lo que una amplia masa de lectores buscaba antes en Hesse lo encuentran ahora en otros autores de menor valía, tanto literaria como humanística. La moda Hesse fue reemplazada por la moda Jack Kerouac, Parsifal moderno pero más duro que su predecesor. Kerouac agregó al orientalismo de Hesse el abuso de la droga, además de mujeres desnudas y un ambiente de juerga un tanto decadente; la dichosa búsqueda espiritual pasó a ser ruido de fondo, un toque de exotismo. Aunque el budismo ocupa un lugar importante en la obra de ambos; es Hesse, a leguas, quien profundiza más en la religiosidad como estilo de vida. Otro tema compartido es el de la homosexualidad, sutil en Hesse y más bien una proyección de las relaciones entre maestro y discípulo (Narciso y Goldmundo es el mejor ejemplo); en cambio en Kerouac la homosexualidad es explícita y señal de igualdad entre semejantes, no importa tanto si se es hombre o mujer. Kerouac anticipó mejor la seudo liberación sexual que arranca a fines de los ochenta. Pero esa fue su única ventaja. En la transición de Hesse a Kerouac, como moda literaria, se perdió bastante en el camino.

¿Por qué ya no leemos a Hesse? Porque sus personajes, sin importar sus circunstancias, asumen un compromiso ético; cosa que ahora nos importa poco o casi nada.