BUTACA

JOSÉ LUIS VARGAS


Mi papá y nuestro mundo fantástico

Repetitivo. Murphy.

Eddie Murphy está de vuelta y lo hace, una vez más, con una película de corte familiar, léase infantil, para todos. Es decir, de fácil digestión. En esta ocasión, Murphy encarna el papel de un exitoso ejecutivo financiero que sufre una crisis de confianza que la recupera al prestarle atención a su pequeña hija y, en especial, cuando acepta la invitación que ella le hace para jugar.

Ya desde hace tiempo que Murphy viene dedicándose a este género con resultados cada vez más patéticos. Basta recordar Norbit o Papá canguro para confirmar la afirmación. Con excepción de Dreamgirls, Murphy se alejó del drama y también de la buena comedia que hizo exitosamente, sino recordemos De mendigo a millonario o Un detective en Hollywood.

Pareciera que de ese Murphy ya nada queda. Sólo queda verlo ahora cada vez más camaleónico con su cuerpo, recurso que no usa en Mi papá y nuestro mundo fantástico. Tal vez ese sea el único atributo de esta cinta pues, sin hacer alardes de efectos especiales, recurre a la actuación natural, en la que se explota la historia de las relaciones comunes y simples que demanda todo niño de su padre.

Esa es la fortaleza de esta cinta: llana, humilde, que la convierte en la mejor opción de la actual cartelera, cargada de cine infantil, pero abrumada de efectos computarizados e historias de héroes supranaturales. La verdad es que de esos salvadores del mundo, ya estamos cansados.