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El motor de las fiestas y motivo para olvidar la crisis Mecánica pasión Las fiestas patrias traen ciertas costumbres en el divertimento nacional. Una de ellas, pagar unas monedas por sentir el vértigo de una abrupta elevación. Samaqueada de por medio, los juegos mecánicos llegan cada año y son novedad para los arequipeños convulsivos que hacen cola para marearse con el neón, la manzana acaramelada y el algodón.
Parece pero no es mentira. Acaba de salir volando como un cuervo espantado, una biblia de tapa negra que más bien parece una agenda. Nadie sabe a quién le pertenece, pero todos estamos convencidos que este juego es cosa seria. Le dicen "Space Loop" pero a simple vista luce como una máquina endemoniada que algún torturador fabricó para conseguir confesiones de grueso calibre. Tiene una altura aproximada de seis metros y una combinación de más de cinco inhumanos movimientos. Una vez dentro, los conceptos que uno maneja sobre gravedad no son más que meras especulaciones. No por gusto las advertencias del fabricante indican: "no recomendable para embarazadas, enfermos con epilepsia o deficiencia cardiaca, ni personas con problemas en el área motora" . Víctor, el maquinista, dice que preferiría operar el carrusel o algo más pequeño y no aquel mortal artefacto que, de vez en cuando, y no lo niega, le arranca una carcajada o distrae la vista con uno que otro pecho que escapa de la blusa de una desesperada dama que subió muy ligera en atuendo. En realidad se ve de todo, pero lo que prima en el proceso tortuoso son los gritos. A esto ya están acostumbrados los vecinos de Cuarto Centenario. Este año los alrededores del estadio Melgar reciben al American Park, empresa dedicada al maquinal entretenimiento desde hace aproximadamente 30 años. Vienen desde la cuarta región allá por Coquimbo – Chile, trayendo entradas estándar y juegos que la gente ha catalogado como "chéveres". Invento catártico Las primeras colas son enclenques. Conforme cae la tarde y la noche le da protagonismo al neón, la gente se forma de a dos y se anima a pararse al pie del "Space Loop". Quizá con la clara intención de dejarlo todo en el aire, las deudas, salarios impagos, el dolor que causa la perfidia, frustraciones y cursos sin aprobar. Quién sabe. Lo cierto es que están ahí creyendo que se trata del tren en forma de gusano que atravesaba la manzana, pero no. La mayoría baja maldiciendo al amigo que lo animó a subirse o viendo de reojo y con nauseas a la novia que está enterita y con ganas de más. Eso solo estimula al siguiente grupo que ya no puede esperar. La gente llega a aplaudir el sufrimiento consentido de los que revolotean en el cielo como mariposas y gritan como hienas.
Cada vez hay más gente pero los inocentes carruseles están vacíos. El lagarto, la cebra y el delfín, entre otros, giran solitarios sin un solo niño sobre sus lomos. Es que están con sus padres obligados a espectar el griterío que ahora viene del "Tagadá" o "La samba", como muchos conocen al disco giratorio que esta vez cambia de movimiento en razón de la música, bota humo oloroso y dispara luces de colores para arrancarte por un instante la cordura y estrellar el hígado en todas las paredes internas del cuerpo. "Agárrense fuerte, por favor" indica el operador. A comparación del "Space Loop" a esta máquina sí pueden subir adolescentes. Igualmente los efectos son devastadores: rostro desencajado, cabello revuelto, ojos desorbitados, pérdida absoluta de la conciencia y sobre todo predominantes deseos de volver. A esas horas de la noche, la masa se polariza y el "Barco pirata" queda al medio como una alternativa para subir en familia. Pero tampoco es un paseo por la campiña. Una señora acaba de abordar y apenas la nave zarpa hacia el infinito se le descuelga el rosario y pide que pare, que pare, pero el maquinista no la oye y ella responde arrugando la cara y con palabras irrepetibles en horario de protección al menor. En medio de las máquinas, hormiguean los indecisos o los que hacen hora en la tómbola o en el "juego del cuy", que esta vez es reemplazado por una rata blanca que no se anima por ninguno de los 38 huecos y se queda en el medio, despertando la curiosidad de muchos niños. Los gritos continúan y el algodón dulce y las manzanas acarameladas se venden como pan caliente, pero más calientes para este frío polar son los anticuchos y las brochetas de pollo que están desplazando el dulce un poco más allá. Hugo Rojas, gerente publicitario de American Park, dice que los juegos permanecerán hasta agosto, fiestas de la ciudad blanca. Hasta entonces, los arequipeños podrán ir a liberar adrenalina y, por qué no, encontrar una paz momentánea gracias a estas máquinas que a modo de terapia nos dan un benigno contrasuelazo que nos ayude a soportar, de mejor manera, nuestra caótica realidad. A las diez de la noche, la gente sigue gritando mientras da vueltas en el aire. Más de uno se sube por segunda vez al "Space Loop" y ahora sí su acongojado hígado no soporta más. Uno de los chicos tiene que escapar tras la máquina a esperar los efectos vomitivos mientras su novia fracasa en su intento de abrazarlo y solo puede consolarlo sin suerte: "Pero estuvo paja ¿no?". (Jhonatan Segura) |