Jesús Martínez

PorNO parking


Mi mesita esquinera o sobre cómo enterarse de la historia peruana por la tele francesa un domingo por la noche

Los domingos por la noche no suelo ver televisión. En realidad nunca suelo. Embrutece. Mi tele me sirve de mesita esquinera, de soporte de flores, de último recurso cuando mi gastado cerebro no da más. Pero, este domingo la historia fue otra y dice así. Una llamada tardía. ¿Un documental francés sobre el Perú? ¿Sobre Villa El Salvador? Enciendo el aparato hacia las 9pm, hora de gran audiencia. LaCinq, una de las cadenas más vistas en Francia. Pero no reconozco el paisaje. Un parque verdísimo, una laguna prístina, botecitos, orden.

Y el narrador del documental en francés (el francés engola y afecta todo, y la gripe porcina termina pareciendo el nombre de un perfume exótico) que afirma "esta es una imagen que el resto de habitantes de Lima no asocia nunca con V. E. S." Y yo que no soy limeño ni por antojo, tampoco. Luego las imágenes se superponen en un torbellino de datos, de historia, de testimonios. 100 colegios, 3 universidades, 1 parque industrial. Nada que envidiarnos, queridos lorchos de Arequipa y balnearios. Nada. Al contrario. La solidaridad reina.

Por lo menos en los 50 minutos del documental. Y yo me lo creo. Y yo, este cínico y descreído que soy, derramo una lágrima. La voz de María Elena Moyano me estremece. Las mujeres tenemos más derecho a reclamar más derechos. La revolución que queremos es una revolución de paz. Y yo le creo. Trazaron el plano en el desierto, con las manos, con los pies. Hoy, las arenas son vacas, las arenas son chacras, las arenas son gente. Y las ollas comunales siguen. Y hay teatro. Y hay fe. La misma que el millón de sansalvadorinos le infundieron a Juan Pablo II que tuvo que dejar su preparado papelito y ensayar un discurso nuevo.

No sé si lo haría por miedo frente a la abrumante realidad pero apoyó sin querer queriendo aquella Teología de la Liberación que tanto combatió. Pero, obvio, no todo es felicidad ni botecitos ni vaquitas gordas. Los pobres también lloran. Sobretodo en el Perú. Y V.E.S. fue el epicentro limeño de la lucha entre el estado y sendero. Y hubo bombazos y asesinatos. E insalubridad. E inseguridad. Pero los migrantes, o mejor llamemos a la gente por su nombre, los desplazados siguieron llegando. Había que decidir entre la ideología de la muerte o la muerte.

Yo también habría cogido mis cacharpitas y me habría mudado. Y seguro dentro de todo el drama alguna mano amiga como las tantas de V.E.S. y de otras poblaciones me habrían socorrido en pleno desarraigo. Como afirma Alfonso, un veterano poblador de Pueblo Joven, personaje de Los Años Inútiles (2002) de nuestro paisano Jorge Benavides, al referirse a la gente que acaba de llegar: "La mayoría era gente que venía escapando de Ayacucho, el ejército los acusaba de ser terroristas y los terrucos de estar con el gobierno

[...]Había que acogerlos, era solo gente sencilla". Y entiendo que hice bien en encender mi mesita esquinera. Hoy siento aún más orgullo y una admiración extrema por los "desplazados" que llegaron a Lima, por esa gran gente sencilla. Pero también vergüenza de que sean otros los que me lo cuenten.