La Quinta Rueda

RAFAEL  BARRIONUEVO  GONZÁLES


Señales de humo

“Cuando las deudas de tu vecino veas condonar, puedes las tuyas empezar a olvidar.” Cómo se nota que Alan García no conoce este viejo refrán, ni siquiera en su versión algo más clásica de las barbas y los remojes. Es que, sin más preámbulo que su arrebatada inspiración, propuso condonar la deuda a los prestatarios del Banco de Materiales, sobre todo a los que sufrieron la colisión de la naturaleza o están francamente pa´l gato. Pero usted ya sabe en qué termina todo eso.

Digo, habrá algún prestatario de Banco de Materiales que no se crea con derecho a matricularse desde ahorita y como sea en la quinta lona; y que no se sienta con derecho a gemir, clamar y pitear por el perdón universal de las deudas, y si se incluyeran las de Salga, Plaza Mire y el banco Huasteca, tanto mejor. Digo, quedará algún prestatario que no esté considerando desde ya usar la platita de la letra mensual en fines algo más constructivos que estar honrando deudas a un banco que, por lo mismo, ya está empezando a oler a cadáver? 

El problema con García es que no aprende. Aun piensa, como hace veinte años, que un país es la suma de puentes, caminos y casitas en donde basta la soberana voluntad del monarca para esparcir la felicidad con una condonación por aquí, una premiación por allá, unos pasitos de baile por acullá; y así, todos contentos puedan irse a su casa que mañana es lunes y hay que trabajar. Pero, para eso, mejor tenemos de presidente al Gordo Cassaretto, y todos vamos a estar más contentos aun. 

¿Y, las instituciones? ¿La justicia? ¿La idea de orden y democracia? García se las trae debajo de un patadón. La idea de populismo, según su obtuso parecer, consiste en institucionalizar el perro muerto y darle certificado de operatividad al timo, a la birla. ¿Y luego qué? Lo obvio. La atmósfera de depredación vuelve a impregnarse en la sociedad. Los dineros del estado pasan a ser un franco botín para el que grite más fuerte o el que logre hundir la uña hasta al fondo. ¿Quién podría exigir mesura, control, un poco de decencia en el manejo de fondos públicos? Nadie, y el presidente menos que cualquiera. Aunque no creo que le interese: basta con oír las directivas de dilapidación presupuestal que les dictó a los presidentes regionales. 

Ya me parecía medio sospechosa tanta ponderación en el siempre desorbitado presidente. Hasta llegué a pensar que por algún milagro de la nueva era, esta vez Alan García pasaba sin causar tantos destrozos. Pero, como vemos, la buena fe no sirve para aventurar conclusiones políticas. Su excelencia anda otra vez desatado, carente de litio, reducido a su versión monárquica de emperrador. El abismo de la crisis tamaño García está otra vez a la vuelta de la esquina. Sálvese quien pueda.