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Encuentro con Verástegui Es uno de los grandes de las letras peruanas, y como todos ellos, algo extraño y esquivo. Enrique Verástegui, multifacético en sus expresiones artísticas, está por publicar un nuevo libro de poemas, nada menos que bajo un sello editorial arequipeño, Cascahuesos. Su editor y admirador, lo visitó en Lima y ésta es su experiencia.
Visitar a Enrique Verástegui, ese mítico poeta de la última gran generación que ésta parte del planeta ha dado —que a los 21 años publicó En los extramuros del mundo, uno de los libros más notables de la generación del 70— fue la excusa perfecta para ir a “La horrible”. Me interesaba saber por qué a este gran poeta nacido en Cañete hace 59 años y gran lector de El Kybalión (un best-seller de la filosofía hermética del ocultismo), seguidor de los trabajos del físico-atómico Frijot Capra, no le gustaba que el nombre Cascahuesos vaya en su libro. Pues, finalmente, Teoría de los cambios (su último trabajo después de 3 años de silencio) ya está ingresando impecable a la imprenta y faltan pocas semanas para que esté en las librerías de Arequipa y Lima. ¿Cómo no estar ansioso de conversar con Enrique para que el pan no se queme en la puerta del horno? Las combis de Lima Claro, al seguir leyendo Leonardo (1988), Ángelus novas (1989), Monte de goce (1991), o la poesía reciente del nuevo libro de Verástegui, uno continúa admirando la extrañeza de su pluma ígnea, la búsqueda de la concreción de la imagen o la versatilidad de su forma, del diálogo con la ciencia (que va desde la alquimia hasta la metafísica para luego adentrarse a la física y la matemática) y la filosofía, donde prima la búsqueda del conocimiento, y así lograr el entendimiento del “origen”; pero más aún, visitarlo, es una tarea placentera y sencilla; y salvo el tránsito horroroso de la gran urbe peruana, el clima estaba agradablemente fresco ese día. Editor atrapando a un poeta El poeta esperaba en la puerta de su casa. Después de un caluroso abrazo fuimos por unas bebidas heladas. Inmediatamente después pasamos a la sala y, rodeados de pisco “Verástegui”, mientras la espuma llegaba hasta el borde de nuestros vasos, antes de comenzar con las preguntas y repuestas, me dijo: —el nombre Cascahuesos, suena muy violento. Mejor que vaya con el título de “Investigaciones Literarias”; —pero Enrique, ¡no podemos cambiar el nombre de nuestro sello!, además, ese nombre es un cálido apelativo que se les da a los arequipeños, y el logo es un petroglifo de Toro Muerto, lo cual nos remite hasta nuestros orígenes. Representa a un puma, es decir, a un felino; y tú sabes que los felinos, especialmente los gatos, cascan los huesos hasta quitarles las últimas fibras de carne. Enrique se puso a pensar un momento a lo que, luego de mirarme un poco sorprendido, repuso: —¿Así?, bueno, entonces que vaya; —claro, además, la idea es que los lectores sean como estos felinos, es decir, que al leer los libros “casquen” hasta sacarle todo el jugo al texto. —Pero me gustaría que el nombre de “Investigaciones…” no se pierda. —Bueno, de eso no te preocupes, “Investigaciones Literarias” será el nombre de la serie con la que continuaremos trabajando. ¡Solucionado el asunto! Entonces comenzó a explicarme el origen de este nuevo libro, que era una reescritura (o versión) de un libro del matemático chino Chin Chiu-Shao “el mejor matemático de la historia porque fue el que inventó el cero”. Sin embargo pasaba la hora del almuerzo —en Lima el tiempo es velosísimo—; así que, caminando en medio de la calle, terminamos amenamente hablando y almorzando (para no dejar el tema de los chinos) en un chifa llamado Wong Fou cerca de su casa, mientras Enrique se mitificaba más con esas anécdotas que sólo los que realmente han vivido pueden contar. Luego retornamos a su casa. (José Córdova) |