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Tribus Teatrales A propósito del Día Mundial de las artes escénicas
Desde la aparición de los primeros rituales mágicos relacionados con la caza y la religión, pasando por los himnos corales en honor a Dionisio, el fundamental advenimiento de Sófocles y Esquilo, la continuidad latina manifiesta en Plauto y Terencio, apareciendo luego de un largo y cristiano camino de oscuridad. Nuevamente con luz propia en William Shakespeare, Christopher Marlowe, Lope de Vega y Moliere, llegando a trancos hasta Henry Ibsen y Konstantín Stanislavski, luego a la vanguardia asentada en Bertolt Brecht, Antonin Artaud y Eugene Ionesco, sin olvidar a los que estuvieron a este lado del charco como Sor Juana Ines de la Cruz, Manuel Eduardo de Gorostiza, Sebastián Salazar Bondy hasta, por fin, abordar nuestra ciudad con Juan Manuel Polar y Cesar Vega Herrera; así, de esa atribulada forma y a través de varios miles de años, el teatro ha demostrado su versatilidad y renovación, provocando la gloriosa catarsis de estar frente a nosotros mismos, puestos los ojos atónitos sobre el personaje, la escenografía, el movimiento y el lenguaje. Desde la dramaturgia hispana En opinión de Tito Cáceres Cuadros, uno de los más antiguos directores de teatro local, “el teatro en Arequipa, durante la colonia, estuvo regida por actores y compañías teatrales que venían desde la península, creando una tradición vitalmente hispana”, tradición que no se verá influenciada por otras, puesto que en Arequipa no se encuentra registro de teatro de la época incaica. Para el catedrático de la escuela de literatura de la UNSA “el teatro, efectivamente como teatro, aparece recién en la república, cuando muchos de los románticos, en la segunda mitad del siglo XIX, escriben algunos dramas que estuvieron relacionados a las revoluciones de Arequipa; pero es en el siglo XX que el teatro en nuestra ciudad cobra actualidad, cuando grandes autores como Percy Gibson, Renato Morales de Rivera o Juan Manuel Polar, van creando dramas que poco a poco cimientan un teatro más intelectual” y que en opinión personal del crítico encuentra su mayor representante en Carlos Manchego, poco entendido en su época y menos aún representado. Hasta aquí la tradición hispana, el intento regional por un teatro que apostaba, dentro de sus diversos presupuestos, por la consolidación de una identidad local; hasta aquí el esfuerzo por este discurso compartido con las demás artes que en los 50`s perderán fuerza al hacer ingreso la narrativa urbana en la literatura de nuestra ciudad. Caso emblemático de esta nueva directriz nos la da Cesar Vega Herrera, único ganador en el Perú del Premio Internacional Tirso de Molina de España (algo así como el Rómulo Gallegos de la dramaturgia), quien con su obra Ipakancure, representada hace poco en nuestra ciudad, nos introduce en el drama de dos míseros mercachifles hundidos en la capital. A los esfuerzos hechos por el vate arequipeño se aúnan el de Walter Márquez con “Los gimnastas” obra aún no puesta en escena, Ramiro Valenzuela con “El Rey” y Rafael Del Carpio, entre otros. Tribus teatrales Desde el neolítico, la tribu fue la forma idónea en que los humanos crearon lazos y se hicieron más fuertes ante la naturaleza cambiante. En Arequipa el movimiento teatral actual reúne características propias de una tribu de decenas de años de trajín, pues como todos sabemos, el desamparo y la intemperie ya no tiene rostro natural sino burocrático y político. Desde la aparición de dramaturgos y actores de la calidad de Cesar Vega o Ugarte Chamorro, la tribu o el grupo, o como se le quiera llamar, ha sido la mejor forma de enfrentarse ante la desidia de las autoridades. Andrés Luque, presidente de la Asociación Teatristas Arequipa, la tribu más organizada de nuestro medio, menciona que “actualmente están apareciendo y creándose muchos grupos de teatro con gente joven, con nuevas propuestas”, saludable desde cualquier punto de vista puesto que marcan una renovación necesaria en el carro de Tepsis. Esta situación se ve mellada por las decisiones de nuestras autoridades regionales. “…Nosotros, apunta Andrés Luque, hace dos años presentamos un proyecto para la creación de la Escuela de Arte Dramático en Arequipa; el año pasado se presentó nuevamente el proyecto para la creación de una Escuela de Artes Visuales y Escénicas, pero, al parecer, los especialistas del Gobierno Regional no entendieron de qué se trataba, no sabían cómo se podía hacer eso, y como no es fierro ni cemento entonces no se realizó”. Dura realidad a la cual la asociación responde realizando festivales como el que se concretó los días pasados a propósito de conmemorarse el Día del Teatro a nivel mundial. No voy a cruzar el infierno otra vez De esta forma, el movimiento teatral en Arequipa, dueño de una exquisita y antigua tradición, se muestra más fuerte que nunca, con el brío necesario para hacerle frente a cuanto impedimento salte sobre el camino o, en este caso, sobre las tablas. No voy a cruzar el infierno otra vez, exclama con voz trémula un actor. Y no lo hace porque prefiere quedarse en el escenario, viendo desde allí nuestras vidas como una escena del más trágico teatro. (Arthur Zeballos Herrera) . |
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