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José Luis Salinas Sosa

La devoción del tallado

No es frecuente que las salas de exposición presten sus paredes al trabajo minucioso del artesano. Las obras de artesanía, por lo general, son injustamente consideradas inferiores al trabajo de un pintor o de un escultor. Esta fue la excepción que no confirmó la regla.

Maestro. Salinas muestra su habilidad a los asistentes a la muestra

Se dice que el artesano trabaja por encargo y no guiado por una necesidad interior, olvidando que los grandes artistas del Medioevo o del Renacimiento trabajaron también por encargo, sin que esto fuera en demérito de su obra. José Luis Salinas Sosa es un artista del tallado y sus obras, de un acabado perfecto, se muestran en cada una de nuestras iglesias, además de otras en España, México y otros países latinoamericanos. 

Actualmente podemos apreciar muestras de su impecable labor en el Salón de Arte de la Municipalidad Provincial, en lo que vendría a ser la Tercera Exposición Itinerante de Arte Católico titulada: “Manos que trabajan el pan de oro de cada día”.

TODA UNA VIDA

José Luis Salinas Sosa tuvo una vida difícil. A punto de cumplir ochenta años, el Maestro Sosa recuerda con nostalgia aquellos años felices de su niñez al cuidado de su severa pero cariñosa abuelita Doña María Rosa Ruiz vda. de Sosa. La abuela lo dejaba jugar con sus amiguitos a los trompos en la polvorienta primera cuadra de Jerusalén, cuando Arequipa parecía más un pueblo que una ciudad, y también se ocupaba de mandarlo devotamente a la escuela. 

Pero el aprendizaje de un oficio, hasta lograr la perfección absoluta, supone dolorosos sacrificios. La abuelita murió y el pequeño José Luis pasó a manos de su madre, Doña Emma Sosa Ruiz casada por entonces con el artesano Moisés Gonzáles Marroquín. José Luis tuvo que renunciar a la escuela para quedarse paradito en una esquina del taller observando cómo su padrastro tallaba, pulía y doraba la madera. 

Así el maestro Sosa fue aprendiendo las sutilezas del oficio, observando; y cuando nadie lo observaba a él, arriesgándose a pulir un poco por aquí, tallar un poco por allá. El padrastro llegó a sentir simpatía por aquel niño tan empeñoso, y aparentemente hábil con las manos, y lo dejó ser su ayudante y hasta su mano derecha cuando la propia se cansaba de tanto tallar.

MILAGRO DE CHAPI

El momento decisivo en la vida y arte del maestro Sosa fue cuando su padrastro, por oportuno encargo, debía realizar el impresionante altar mayor del Santuario de Chapi. A los pocos días de iniciarse tan exigente labor, el padrastro se infecta de tétanos y muere. Después de ciertos contratiempos y, gracias a la intercesión del franciscano Aurelio Zegarra y Peñaloza, las autoridades permiten que el joven José Luis continúe con el trabajo interrumpido. 

A fines de los cincuenta el altar es terminado y la magnífica factura conseguida por el maestro Sosa llama la atención de la, por entonces Primera Dama, Doña Clorinda Málaga de Prado. Sosa parte becado hacia España… Luego recorrería México, además de otros países, desprendiendo de sus manos marcos bellísimos, retablos de un barroquismo ensoñador y restaurando tantos altares como santos y vírgenes existen. 

No podemos dejar correr esta oportunidad de apreciar la obra de un verdadero artista. El maestro Sosa, a sus setenta y ocho años, continúa desnudando las sinuosidades de la madera para luego cubrirlas, pudorosamente, con un brillante manto dorado, el pan de oro de cada día.

 

Señor de la Columna.

 

 

Altar de Chapi.

 

Altar de Chapi. (detalle)

Última Cena.

 

Santísima Virgen de Chapi.